El Santo Padre Benedicto XVI, en su valiosa orientación a los Obispos reunidos en Aparecida, eligió como tema para su reflexión el de: “Discípulos y misioneros de Jesucristo para que nuestros pueblos en El tengan vida”. Evidentemente este giro hacia la interioridad de la Iglesia no significa descuidar su presencia en la historia, sino que quiere indicarnos el centro y eje en torno al cual se realiza lo fundamental de la misión de la Iglesia de Cristo en favor de la humanidad.

El tema central que escogió se dirige al anhelo que tiene todo ser humano de encontrar la vida verdadera, la que llena de alegría y plenitud. Esa Vida sólo se logra viviendo un auténtico discipulado en el seguimiento de Jesús. El discipulado se inicia cuando cada uno de nosotros se encuentra personalmente con Cristo en nuestra propia existencia, cuando aprendemos a conocerlo y decidimos seguirlo caminamos junto con él y cuando lo amamos con su misma entrega y generosidad. El encuentro con Jesucristo nos conduce a experimentar la alegría de su presencia y a proclamarlo como la mejor y la más feliz noticia que podamos anunciar.

Al lanzar desde este nuevo Areópago el anuncio del Evangelio de Jesucristo, queremos llegar al corazón de nuestros hermanos que viven su seguimiento a Cristo trabajando por la dignidad humana, por la vida, por la familia, y a todos aquellos que están en el mundo esperando conocer el Mensaje salvador del Señor. El Objetivo que nos proponemos es lograr la fraternidad y la solidaridad que nos permita crear fuerzas de comunión, reconciliación, paz, amor y justicia.

Mons. Lino Panizza Richero OFM Cap.
Secretario General
Secretario Ejecutivo de Pastoral




Actualizado el 6 de agosto del 2009 a las 2:00 p.m.