Al
iniciar, desde este medio, la siempre actual tarea de la Evangelización,
quiero partir del desafío de Jesús a todos sus
discípulos: “sean santos como su Padre Celestial
es santo”. “En efecto, los frutos de la primera
evangelización que hizo florecer la Santidad en el Perú
y modeló santos como Santa Rosa de Lima, San Martín
de Porres, San Juan Macías, Santo Toribio Alfonso de
Mogrovejo, San Francisco Solano y Santa Ana de los Ángeles
Monteagudo, constituye un gran desafío en el día
de hoy, un desafío que interpela la manera en que estamos
evangelizando y cómo estamos alimentando la vivencia
cristiana. Este desafío, al que hemos sido reiteradamente
convocados, lo debemos asumir con decisión, valentía
y creatividad, para lograr con esta nueva evangelización
una Iglesia en misión permanente.
Sabemos que siempre tenemos que recomenzar desde Cristo, partiendo
de un encuentro personal con el Señor Jesús, quien
es el único que da un horizonte nuevo y una orientación
decisiva a nuestra vida y a la vida de los demás. “La
fe en Jesucristo es nuestro gozo, seguirlo es una gracia y trasmitir
este tesoro a los demás es un encargo que el Señor
al llamarnos y elegirnos nos ha confiado” (DA 18). Por
eso, queremos caminar al lado de nuestros hermanos los hombres,
en esta época de tantos desafíos culturales, ético-morales,
sociales y pastorales, para infundir en ellos esperanza, consuelo
y ser guía segura con la luz y la fuerza del Evangelio.
Nuestros fieles sienten necesidad de que nosotros sus pastores
tengamos una profunda experiencia de Dios, de que nos configuremos
con el corazón de Cristo, Buen Pastor, que seamos dóciles
al Espíritu Santo, a la Palabra de Dios y que nos nutramos
siempre de la Eucaristía y de la oración. Por
eso, nos sentimos llamados a ser hombres de la misericordia
y de la compasión de Cristo, cercanos a nuestros fieles
y servidores de todos, particularmente de los que sufren grandes
necesidades.
En esta tarea nos anima y nos impulsa la claridad, la valentía
y la firmeza de las enseñanzas del Santo Padre Benedicto
XVI, quien acompaña con atenta y paternal expectativa
la semilla de la Misión Continental que se sembró
en Aparecida y que espera verla crecer como un árbol
frondoso a cuya sombra se cobije la fe de nuestros pueblos,
especialmente del Perú”.
A todos los que acompañen la misión pastoral de
la Conferencia Episcopal Peruana, por medio de este nuevo Areópago
de la fe, mi bendición y mis oraciones.
+ Mons. Miguel Cabrejos Vidarte, OFM
Arzobispo Metropolitano de Trujillo
Presidente de la Conferencia Episcopal Peruana
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